Cirigoncia

Las palabras de la tribu

Hacer cirigoncias es hacer una serie de ‘gestos o ademanes extraños y ridículos’: ¡A mí no me hagas cirigoncias! También ‘adorno superfluo y extravagante’.

Una palabreja con pinta de duende saltarín, que aparece por las esquinas haciéndo pantomimas y arrumacos grotescos con la cara y con las manos. Es decir haciéndo cirigoncias.

Y para colmo con fisionomía cambiante: cirigoncia o ciringoncia, pero también jerigoncia, jeringoncia, jerengoncia, jiringoncia, firigoncia… (en otros lugares de Extremadura)

Se trata de variantes de la voz castellana jerigonza ‘jerga, habla oscura de rufianes’ tal como aparece en «El Quijote» (1605): No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros andantes. Procede el provenzal gergons, que se refería en su origen al ‘gorgeo de los pájaros’ y después al ‘habla gutural difícil de entender’, derivados del latín gurges ‘remolino que traga y figurado garganta’ de remoto origen onomatopéyico. Pero en castellano se confundió con girgonça ‘jacinto, piedra preciosa’ como aparece en el «Libro del buen amor» (1343): En pequeña girgonça yace gran resplandor (del árabe zarqūn, y este del persa zargun ‘color de oro o fuego’).

En nuestra tierra ciringoncia también aparece en cierta letrilla de un baile popular de Carnaval recogido por Bonifacio Gil en su Cancionero Extremeño:

Que la quiero ver bailar
Salta y brincar
Y volar por el aire. 
Qu’ estas son ciringonciah de un fraile
Déjala sola, sola en el baile.

©jjferia

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