Tabacoso

Las palabras de la tribu

El tabacoso es un pajarillo muy fácil de identificar por la mancha de color rojo-anaranjado que tiñe el pecho y la garganta: Un tabacoso revoloteaba cada tarde en la ventana.

De ahí que, aparte de petirrojo, en Extremadura se conozca también como pimentero (San Vicente de Alcántara, Alburquerque y Oliva de la Frontera, entre otros pueblos del oeste de la provincia de Badajoz), pimenterinu (en Acehúche), pimientinu (en Villamiel)… Y otras denominaciones como chalecopapito, pechito, pechuguita, coloraete y choriceru; debido a esta coloración característica.

Se trata de un ave protegida como la mayoría de los pájaros de nuestros bosques y jardines. Pero antaño, era presa fácil de trampas pajariles por su confianza y candidez. A esta condición debe otros nombres que recibe en nuestra tierra como tontóntontuelo, tontito, bobito, bobiño y bobate.

Si bien el remoquete de tonto se lo lleva en nuestro pueblo el ‘colirrojo tizón’, un pariente cercano del petirrojo más conocido entre nosotros como carbonero, ya que suele mostrarse como aquel muy manso y confiado ante la presencia humana. Lo de carbonero le viene por el color negro como el hollín de casi todo su cuerpo (la cola es rojiza).

Así pues, en Feria el ‘petirrojo’ se conoce como tabacoso: ¡Vas a caer como un tabacoso! Se dice con intención amenazadora pues este pájaro, por su extrema candidez, es muy fácil de cazar; si bien es menguada presa, ya que de alguien con poca chicha se dice que tiene menos carne que un tabacoso. Llamado así por el color aproximado al del tabaco de la mancha que le caracteriza, distintivo que le ha acarreado además el sobrenombre de “hermano de la cruz”. Apodo que, bromas aparte, le viene pintiparado, pues se cuenta que…

…fue un tabacoso el pajarillo que buscó refugio en la cruz de Cristo, pero compasivo se esforzaba por arrancarle las espinas de la corona que laceraba la frente del Crucificado. De pronto una gota de sangre salpicó su pecho. Desde entonces el tabacoso ostenta con orgullo la mancha rojiza mientras nos deleita con su melancólica melodía.

©Juan José Becerra Ladera


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