Perigallo

En Feria, un perigallo o una perigalla es una persona holgazana y callejera que se pasa el tiempo en la calle o en la taberna sin hacer nada de provecho. Con otras palabras, un perigallo es un perdulario de mucho cuidado y, por ende, descarado, insolente, desvergonzado…

Luis Chamizo (Guareña 1921) considera perigallo como sinónimo de ‘sinvergüenza, golfo’; del que se hace eco Santos Coco (Badajoz y otros pueblos 1940): Menúo perigayo que estás hecho; Zamora Vicente, lo tiene por ‘bribón, golfante’ (comarca de Mérida 1949) y Murga Bohigas ‘hombre de poca vergüenza carente de orden y respeto’ (Oliva de la Frontera 1979).

En fin, una alhaja; hasta el punto de que en algunos pueblos extremeños, perigalla es uno de los nombres que se aplica como eufemismo a la ‘prostituta’ para evitar el más conocido y vulgar (Badajoz, Fuente del Maestre, Campanario, Cabeza del Buey).

En cualquier caso, se trata de sentidos muy diferentes de los que consigna el diccionario oficial para perigallo, cual es ‘pellejo que pende de la barba o de la garganta y que suele proceder de la mucha vejez o flacura’ por acepción principal, entre otras secundarias como ‘persona alta y delgada’. Por lo que en castellano se quiso ver una referencia a las barbillas del gallo; siendo así que entró directamente del portugués perigalho ‘pellejo flácido que pende del papo del viejo’, alteración de pelegalho ‘enjalmo de piel’, derivado de pelego ‘pelleja de ovino’, a su vez de pele ‘piel’ (latín pelle).

Es decir, ‘cualquier pellejo o trapo viejo que cuelga’ y que, aplicado a la persona, se cargó de las connotaciones ofensivas que también tienen otros términos semejantes como pingopingajo, pindonga, pendón y pendejo. En el «Diccionario secreto» (1974) de Camilo J. Cela aparece perigallo como ‘pija, pene’ (Es metáfora de intención peyorativa ya que la pija puede semejar un perigallo).

Con mucha frecuencia se emplea con discriminación por su mayor carga negativa el femenino perigaya, y así lo hace Luis Chamizo en el drama «Las Brujas» (1932) poniéndola en boca de la tía Genoveva, que increpa con dureza a la joven y bella Andrea porque espera un hijo del novio al que acaban de matar en la guerra:

¡Vaite, perigaya;
vaite, mala pécora;
que eres la deshonra de la casta. Vaite;
llévate pa siempre tu dolor a cuestas!
¡Asina nos pagas tó lo que jicimos
cuando de tu madre te queastes huérfana!

jjferia