Candeloria

Candeloria es una lumbrarada, una ‘hoguera o fogata grande que levanta muchas llamas’. El día de la matanza fuimos al Pico e hicimos una candeloria para asar la burrica, las llamaretás se veían desde el Peón donde estaba mi padre cogiendo acitunas.

Cando a Candeloria chora, medio inverno vai fóra; e que chore ou que deixe de chorar, a metade do inverno está por pasar, reza una variante de la versión gallega del conocido refrán reflejo de de la proverbial retranca de los naturales de Galicia.

Comunidad en la que, por lo visto, pervive el nombre de Candeloria (del latín festa candelarum ‘fiesta de las candelas o de la luz’) para denominar la fiesta de la Candelaria o Purificación de la Virgen María que se celebra el día 2 de Febrero, a los cuarenta días de Navidad (La ley de Moisés ordenaba la purificación ritual de la madre durante cuarenta días después del alumbramiento sin poder entrar en el templo hasta que tenía lugar la presentación de su hijo primogénito para ofrecerlo a Dios en agradecimiento de los que fueron librados de morir antes de la salida de Egipto a raíz de la última de las diez plagas, éxodo que duró cuarenta años).

Así candeloria se relaciona con candelaria y en ambas se evidencia su relación con candela ‘vela de luz’ y especialmente en nuestra tierra la candela por antonomasia es la ‘lumbre, el fuego de la chimenea’, de acuerdo con el refrán propio del invierno: Media vida es la candela, pan y vino la otra media. El latín candela que significa ‘cirio, antorcha’ deriva de candere ‘arder, brillar por su blancura’, sentido que se vislumbra en candor ‘pureza del alma, falta de malicia’ y por tanto, de la misma raiz que candidus ‘blanco y radiante’. A partir de candela se forma otro localismo como es encandelar con el sentido de ‘avivar una fogata, hacer que arda bien levantando mucha llama’.

En Feria se celebra esta fiesta de la Candelaria con misa y procesión de la imagen de la primitiva patrona de la villa portando la vela o candela, símbolo del alumbramiento de Jesucristo luz del mundo; llama purificadora a la que se le atribuye el vaticinio de una buena cosecha en caso de que permanezca encendida durante el recorrido. En la ceremonia se bendicen las luces o velas que, después de usadas en la procesión, se llevan para iluminar la casa ya que la única luz que alumbraba por la noche la vivienda era la de las velas y candiles. Por la tarde se prende una candeloria en la que se queman los candelarios que representan lo malo del último año, como en otras partes se queman los juanes o juanillos en las hogueras de san Juan. No es mala cosa aprovechar la ocasión para anotar en una papeleta todo lo malo que queremos hacer desaparecer de nuestras vidas para arrojarla al fuego.

En torno a las candelorias los juegos y jolgorios de la renacida tradición se desarrollan en la Cruz del Real, pues el festejo primigenio tenía lugar en la parte más alta del pueblo, en las cercanías de la iglesia y antigua parroquia de la Candelaria, situada junto al castillo. Tradición ancestral de honda raigambre, que debemos conservar y revitalizar para impedir que sea suplantada por la americanada del día de la marmota (2 de febrero), como viene sucediendo últimamente con tantas otras (dicho sea de paso).

También es tiempo de purificar la casa quemando el romero bendecido en la ermita el día de los Santos Mártires (otra fiesta de acendrado sentimiento corito) mientras se repite: Bendito romero, que salga lo malo y entre lo bueno. Aromática costumbre que debemos recuperar e integrar en nuestro calendario festivo. Continuamente reaparece el poder purificador del fuego y la candela, que acrisola y limpia de impurezas los metales preciosos y de sus pecados a las ánimas del purgatorio. Aunque la candeloria fuera también el destino donde fueron a parar muchos libros para purificar de herejías las bibliotecas y el suplicio para castigar a los herejes.

En otros pueblos de la provincia prevalece el masculino candelorio (Azuaga, Berlanga, Valverde de Llerena…) Y así, en Fuente del Arco un candelorio es una buena candela con muchos palitroques y grandes llamas: Como llegó mojao y arrecío, en un verbo hizo un candelorio que no se lo saltara un gato asustao.

Candelorias (o candelorios) como las rituales hogueras que tradicionalmente se encendían la noche de San Juan, semejantes a los que aluden estos versos del drama «Las Brujas» del extremeño Luis Chamizo:

La cosa está mu clara.
Por mó de la costumbre, tos debemos
encender esta noche candelorios
en la casa del amo. Los más viejos
tocarán el rabel y la vigüela
pa que canten y bailen los más nuevos
al reor de la lumbre.

Luis Chamizo vuelve a emplear candelorio en estos versos de su poema «Extremadura», ahora con referencia a la fiesta de La Candelaria o Purificación de la Virgen María. De nuevo el recurso del fuego purificador para espantar el mal y a los seres malignos.

Llega la noche de las candelas.
y ¡ay de la casa sin candelorio!;
más le valiera
que la tomaran las pantarujas
para sus grajas y sus cornejas.

jjferia

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