Mariqueta

En nuestro pueblo una mariqueta es un ‘quiebro o finta, un regate que se hace con el cuerpo para esquivar al contrario y no ser atrapado’: ¿Tú me vas a coger a mí? Te voy hacer una mariqueta que te vas a quedar en tenguerengue.

Es una alteración de morisqueta con el sentido que aparece en el «Diccionario de Autoridades» (1734) y siguientes. Morisqueta: El ardid o treta propria de los Moros; lo que por translación se dice de qualquier acción con que se pretende engañar, o burlar o despreciar a otro. Tal como aparece en «La pícara Justina» (1605): En fin, yo me fui a mi casa, donde fui recibida como un ángel, que la gente de mi casa, aunque me quiera mal, holgaba destas morisquetas, que lo mamamos todos en la leche retozona.

Y en los tiempos actuales, el extremeño Luis Landero revitaliza morisqueta en su novela autobiográfica «El balcón en invierno» (2014) con el sentido de ‘gesticulación extraña, ademán ceremonioso rutinario’: Es absurdo, yo no creo en Dios, y sin embargo, antes de acercar la mano al papel me hice sobre el rostro el signo de la cruz… Eso y alguna que otra morisqueta es lo que queda de mi experiencia religiosa.

Así pues, mariqueta procede de moro y de morisco con influjo o contagio de marica por etimología popular. De la misma forma que en Fregenal de la Sierra y en Picos de Aroche se transformó con el disfraz de mono en monisqueta ‘mueca o gesto de burla o broma’. Y es que las palabras son duendes burlones que juegan al despiste con estas mariquetas.

Álvarez Curiel en el «Vocabulario Popular Andaluz» recoge esta palabra con un significado muy próximo al nuestro: Mariqueta ‘quiebro o giro con el cuerpo’: El burro hizo una mariqueta y salieron los dos por las orejas.

Aunque también puede hacer alusión al animal, en Feria casi siempre se refiere al quiebro que hacen los chiquillos para evitar ser apresado en cualquier juego de persecución, como aquellos de “los perros y las liebres” o “robar bellotas” en los que unos son perseguidores (perros o guardias) y otros perseguidos (liebres o ladrones).

Cuando estaba a punto de ser cogida, la liebre le pegó una mariqueta al galgo que, cayendo de bruces, salió roando por la tierra.

©Juan-José Becerra Ladera

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