Árnica

En Feria y en otros pueblos de Extremadura se conoce con el nombre de árnica al ‘hipérico o corazoncillo, una planta hipericácea llamada también hierba de san Juan’ (Hypericun perforatum). Nuestros abuelos sabían de su existencia y milagros, nosotros apenas nada. Para aliviar la hinchazón por alguna contusión se aplican paños calientes de árnica macerada en aceite.

Ante todo hay que precisar que nada tiene que ver con la planta compuesta que es la verdadera árnica, ausente en la zona, a no ser que se la considerase, como esta, una especie de panacea o curalotodo sobrenatural no solo por las virtudes curativas que se le atribuyen, especialmente para aliviar traumatismos, golpes, contusiones y heridas; sino también por sus superpoderes contra el rayo, la brujería y el demonio, entre otras cosas. Además de florecer en junio (mes de san Juan) y que las flores de ambas sean amarillas.

La auténtica árnica (Arnica montana) es propia del norte de la Península, por lo que en zonas meridionales se consideró al hipérico un sustituto eficaz de aquella conservando su mismo nombre. Sea de tal o cual planta, la palabra aparece con frecuencia en obras literarias, sobre todo con referencia a cierta tintura de las boticas: ¿Tienes árnica?, dijo Guerra mirándose la ensangrentada mano. (Pérez Galdós: Ángel Guerra).

Quede constancia que lo mejor que podemos hacer hoy en día por esta y otras plantas es conocerlas, admirarlas, respetarlas y no ponerlas al borde de la extinción, pues ahora sabemos que las agresiones a la Naturaleza se vuelven contra nosotros como parte integrante de ella. Y por supuesto no utilizarlas sin prescripción facultativa.

Nos queda la expresión pedir árnica. Se emplea para suplicar un respiro o simplemente que dejen de dar la matraca. En realidad era lo que pedía el soldado que se retiraba del fragor de la batalla: Árnica para alivio de sus golpes y heridas. También se oye darle árnica.

Esta palabra, presente en casi todas las lenguas europeas, procede de latín botánico arnica, una creación tardía al parecer por deformación del griego ptarmiké, literalmente planta que hace estornudar por su fuerte olor, derivado de ptarmós ‘estornudo’, seguramente relacionado con el latín sternuere ‘estornudar. De raíz indoeuropea pster- de carácter onomatopéyico. El nombre popular de estornudadera como se conoce el árnica en algunas partes parece apoyar este supuesto origen.

Barajas Salas no recoge el nombre de árnica sino el de pericón para el hipérico en Villanueva del Fresno: “Tiene propiedades medicinales. Se coge un día después de la Ascensión y se echa en una botella llena de aceite que se coloca, colgada o no, en un sitio donde le dé el sol durante un cierto tiempo hasta que el aceite adquiere un color rosado. Es un remedio extraordinario para quemaduras, heridas, etc.” (Nombres vernáculos de animales y plantas de Extremadura).

Nuestro paisano José Muñoz Gil, en cambio, alude al hipérico o ‘hierba de san Juan’ con el nombre de árnica, también con referencia a la vegetación autóctona y sus supuestas aplicaciones curativas en «La Villa de Feria»:

Los vapores del beleño (hierba loca) se usan para los dolores de muela, los paños calientes del mestranto (mentrasto) y árnica (hierba de san Juan) para las contusiones y hinchazones; y como tonificante, para dar fuerza, la infusión de las flores de las afelpadas argamulas (lengua de buey).

Juan-José Becerra Ladera

Árnica (FERIA VIVA)
Árnica (FERIA VIVA)

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